viernes, 12 de junio de 2009

Critica de AINCRIT a LA BOHEMIA

La Bohemia (Mendoza)

[La_bohemia_foto_2.JPG]

La ceguera como dotación del ser humano y no como privación

El elenco mendocino Lluvia de Cenizas puso en escena La Bohemia, de Sergio Boris, en el marco de la Fiesta Nacional del Teatro en Chaco. Obra que recibiera el Primer Premio de Dramaturgia Nacional del Fondo Nacional de las Artes en 1998 y fuera estrenada en 2001 por un elenco porteño, en donde interviniera el propio autor también como actor.
En esta ocasión, la puesta mendocina responde a una cuidada estética realista acorde con el universo ficticio propuesto en el texto dramático. Su escenografía representa el interior de una vivienda modesta (compuesto por biblioteca, dormitorio con cama cucheta, cocina-comedor, pasillo hacia zonas más privadas), en donde la puerta que da a un patio compartido con gente vecina jugará un papel importante, pues será punto de contacto con el exterior de donde surgirá la sorpresa. Los vestuarios de los personajes, en concordancia con la estética realista, dan indicio de un clima invernal.
En la dramaturgia de Boris se plantea la convivencia rutinaria, hastiada e intolerante, de dos ciegos (Sosa, con ceguera de nacimiento; Romero, desde hace quince años) que pelean por rehabilitar en el barrio un club para no videntes. La visita de un ciego reciente (el joven Ibáñez) –quien recurre a ellos para integrarse al supuesto club y aprender a leer por el método Braille –, los ilusiona por un instante y les despierta celos, pulsiones y deseos insatisfechos. Hechos que desembocan luego en un trágico final.
La ceguera es planteada en el texto dramático, tanto como en la puesta y dirección, como una “dotación” humana y no como “privación” de la capacidad de ver. Con absoluta naturalidad y respeto, y no apuntando a la extrañeza, a la victimización ni a la búsqueda de compasión. Cuestiones que se revelan en permanentes diálogos, gags y gestos de los personajes en los que predominan el humor –muchas veces negro– y la ironía. Los personajes se ríen de sí mismos (“Brindemos… mirándose a los ojos”, dice Sosa, por ejemplo), tomando a la ceguera como fortaleza y no como debilidad (“Hay que recuperar la sangre que succiona en la ceguera”, repetirá con ilusión Ibáñez).
En la iluminación prevalecen los claroscuros, para generar el efecto de una atmósfera de encierro y a veces un tanto tétrica. De fondo aparece, en determinados momentos del comienzo y final de la obra, la canción La Bohème de Charles Aznavour, que predispone al espectador de manera especial.
Lo interesante de esta propuesta es que –lejos de tratar a la ceguera como incapacidad del ser humano que busca la compasión – apunta más allá de la historia lineal visible construida en escena. Apunta a una mirada sobre la angustia y el vacío existencial propios de la condición humana, a causa de la indiferencia, la soledad, la carencia de afecto, amor y reconocimiento social.
Gran desafío implicó para los actores asimilar con verosimilitud gestos y desenvolvimiento de personas reales no videntes. Sin embargo, salvo ínfimos detalles, Alfredo Zenobi, Guillermo Troncoso, Darío Martínez lo logran formidablemente. Tanto que el espectador se olvida de que está viendo a personajes ciegos, pues precisamente, se deja seducir por la composición y desplantes de los personajes, y el entramado de situaciones graciosas y patéticas que van construyendo a lo largo de la obra.


Mirna Capetinich
Chaco
Ficha Técnica:
Compañía: Lluvia de Cenizas
Procedencia: Mendoza
Obra: La Bohemia
Autoría: Sergio Boris
Actores: Alfredo Zenobi, Guillermo Troncoso, Darío Martínez
Técnica escenográfica: Lucas Queno
Director Asistente: Eugenio Schcolnicov
Vestuario: Guadalupe Rodríguez Catón
Dirección: Lucas Olmedo
Duración: 50’
Sala: Galatea
Fecha: 29-3-09

jueves, 9 de abril de 2009

La Bohemia: En la Fiesta Nacional de Teatro, Chaco 2009

TELAM: ESPECTACULOS

Buen nivel artístico en la Fiesta Nacional del Teatro


Enviado especial
La XIV edición del festival se realiza en Chaco y cuenta con gran variedad de lenguajes estéticos. Se destaca la calidad y el nivel técnico en provincias que no cuentan con una tradición teatral. Excelente repercusión de público.

Leonor Soria

Variedad de lenguajes estéticos y buen nivel artístico caracterizan a la XIV Fiesta Nacional del Teatro que tiene como sede a la capital chaqueña con excelente repercusión de público que colma la capacidad de todas las salas.

Es evidente que la acción del Instituto Nacional del Teatro ofreciendo a las provincias talleres de capacitación está dando sus frutos a juzgar por los resultados que pueden advertirse en esta edición, con un mayor nivel artístico y técnico en provincias que no cuentan con una tradición teatral.

Los elencos que representan a Santiago del Estero y a Entre Ríos eligieron propuestas que responden al género del monólogo, con distintos enfoques de puesta y recursos actorales diferentes.

En el primer caso, la actriz santiagueña Lucrecia Carrillo presentó "Puedo entender tu aullido", versión libre de "Había algo en el aire...Fernando", de Silvana Pietronave, producto de un trabajo de perfeccionamiento con la directora mendocina Elena Cerrada.

Una mujer separada tres años antes de su pareja ingresa al dormitorio de éste cuando la casa está vacía y despliega todo su rencor mezclado con la esperanza de recuperarlo aún cuando sabe que está persiguiendo un imposible.

Una puesta en escena barroca, sujeta al realismo en sus mínimos detalles, le permite accionar con una enorme cantidad de objetos en una febril actividad que muchas veces se acerca al desborde.

Por el contrario, la compañía TL de Entre Ríos, en "La cicatriz", de Jorge Díaz, recurre a la menor cantidad de elementos sobre un escenario despojado en el que resalta la actuación del actor chileno José A. López bajo la dirección de Oscar Lesa y Pablo Rolandelli.

La pieza, escrita en la década del 80, habla de los vínculos de la amistad y el peso que puede tener las fuerzas represivas del Estado para inducir a la traición.

Se estructura como un relato que a través de los recuerdos de infancia, de los amores y de los momentos compartidos trata de salvar la memoria. Son cicatrices de una realidad latinoamericana común.

El excelente dominio corporal y la capacidad de transmitir los estados emocionales caracterizan el trabajo del actor, sostenido por una puesta en escena que potencia la utilización de cada objeto con un fuerte contenido dramático.

Mendoza propuso "La Bohemia", de Sergio Boris, a cargo de la compañía Lluvia de Cenizas, con la dirección de Lucas Olmedo y la memorable actuación de Alfredo Zenobi, Guillermo Troncoso y Darío Martínez, interpretando a tres ciegos que tratan de revivir un proyecto sin posibilidad ninguna.

Sin caer en el simplismo de definir la situación de los personajes con recursos remanidos, logran una composición impecable, trabajada hasta los mínimos detalles que la hacen absolutamente creíbles.

La falta de expresión de unos ojos vacíos y sin vida, la posición de la cabeza y las manos, la relación con los objetos de la casa o el tipo de desplazamiento sorprenden por la exactitud.

Pero tal vez uno de los elementos más interesantes reside en los vínculos que establecen entre ellos.

El argumento gira en torno a Sosa, ciego de nacimiento y Romero que lo es desde hace 15 años, Ambos tienen un proyecto que se va apagando de a poco: la reapertura de un club para no videntes.

Sin embargo, la llegada de Ibañez, afectado recientemente, reactiva la maquinaria de la desgracia y ya no es posible impedir un desenlace fatal.

El teatro danza hizo su aparición con "Pasaje al infinito" a cargo de la Compañía Posdanza de La Rioja, con Adriana Nazareno como autora directora y protagonista.

Una deslumbrante entorno plástico donde abundan las proyecciones con infinidad de recursos técnicos atrapa al público y desdibuja la actuación de las bailarinas que se mantienen en el mismo registro de movimiento, cadencioso y lento, a lo largo de todo el espectáculo.

El tema central es la certeza de que la muerte, ese momento trascendental en la vida de todo ser humano, llegará indefectiblemente y la incertidumbre de lo que hay más allá de ese umbral.

Finalmente, "Pan (de cada día)", a cargo de la compañía La Compasiva (provincia de Buenos Aires), deleitó con la excelencia de Gabriela Pagés y Mario Marino quienes bajo la dirección de Alfredo Badalamenti, relataron sin necesidad de palabras la vida de una pareja, desde el descubrimiento mutuo hasta la vejez.

En el código del cine mudo, con recursos legítimos y protegidos por "el ángel" que invocara Federico García Lorca, van revelando la vida cotidiana de una pareja con sus costumbres, sus mandatos, sus anhelos, frustraciones y desencuentros.

De manera sencilla (con la difícil sencillez de lo muy trabajado), pasan por el abanico de emociones en las que todos nos vemos reflejados como padres, como hijos o como parejas.

Es necesario subrayar una vez más el talento de dos intérpretes capaces de conmover con recursos legítimos, sin apelar a concesiones ni golpes bajos.

viernes, 5 de diciembre de 2008

La Bohemia en la Fiesta Regional del Teatro


“La bohemia”,
un placer para los ojos
(de los que ven y de los que no)



+A | -A
Escribe: Marcos Juárez

Mendoza, como siempre, arribó al Encuentro Regional del Teatro de Nuevo Cuyo con los ojos del ambiente teatral puestos en ella. Nadie puede negar hoy que en la provincia “vicepresidencial” se encuentra una de las escenas más variadas y prestigiosas del país, a sólo un pequeño escalón de Capital Federal y Buenos Aires, compartiendo cartel con Córdoba y Santa Fe.

Y, como para confirmar esa –envidiable- superioridad, trajo a La Rioja tres destacables propuestas, entre las cuales se encuentra la bellísima pieza “La bohemia”, del joven autor porteño Sergio Boris.

El director del elenco Lluvia de Cenizas, Lucas Olmedo, utiliza para la obra a dos de los mejores actores de Mendoza (y, por ende, de la región): Alfredo Zenobi y Guillermo Troncoso, quienes le ponen el cuerpo y el alma a dos ciegos que se debaten entre la pobreza, la exclusión y la soledad. Quizás el sentimiento más poderoso que refleja la obra.

Romero, ciego desde hace quince años, es el que pone el lomo en la casa. Sosa, ciego de nacimiento, pone la cabeza. La humilde vivienda que comparten se ve convulsionada por la llegada de Ibáñez, un “ciego nuevo”, que caerá en las garras de los anfitriones.

Sosa y Romero buscan reactivar una biblioteca en Braile, para atraer no sólo nuevos socios sino –fundamentalmente- unos pesos para sobrevivir. Así, tratarán de timar a Ibáñez para hacerse del poco dinero que posee. Pero Ibáñez pronto descubrirá el ardid y aceptará ser parte, quizás para alejar, aunque sea por un momento, la infinita soledad que la ceguera le depara.

Esta simple trama es el telón de fondo para que la magia del teatro se produzca. Las excelentes interpretaciones, que reparan hasta en los más mínimos detalles y en los “tics” de los no videntes; la simple y efectiva escenografía; la poderosa y a la vez tenue puesta lumínica y la música son algunos de los aciertos del director.

Pero “La bohemia” no se queda en estos logros, sino que va mucho más allá. Más allá de la solidez del texto, más allá de la calidad actoral, más allá de la efectividad de la puesta.

“La bohemia” llega hasta las fibras más profundas del espectador, allí donde anidan el miedo a la soledad, el pavor ante la oscuridad, la comprensión y también el rechazo hacia los “distintos”, la desolación ante la pobreza, el escozor ante la promiscuidad.

Y lo hace desde el humor y con buen gusto, quizás el camino más directo pero a la vez más difícil para narrar una historia.

Ficha Técnica

“La bohemia”, de Sergio Boris.
Obra ganadora de la Fiesta Provincial Mendoza 2008
Elenco Lluvia de Cenizas (Mendoza)
Dirección y Puesta en escena: Lucas Olmedo
Intérpretes: Alfredo Zenobi, Guillermo Troncoso, Darío Martínez
Asistencia técnica, Espacio e Iluminación: Lucas Queno
Vestuario: Guadalupe Rodríguez Catón
Diseño Gráfico: Darío Martínez
Director Ayudante: Eugenio Schcolnicov
Sábado 29 de noviembre 19:30 hs. Espacio 73

martes, 18 de noviembre de 2008

La Bohemia: Ganadora de la Fiesta Provincial de Teatro 2008

Ojos que no ven, corazón que gana

La obra “La bohemia”, sobre dos ciegos que quieren fundar un club, representará a Mendoza en la Fiesta Nacional, mientras que “El elixir del amor” y “La muchacha de los libros usados” pasan a la instancia Regional.

Por Analía de la Llana y Patricia Slukich

Con doce obras que pudieron verse en distintas salas y teatros de la provincia -desde el miércoles pasado hasta el domingo- el público mendocino tuvo la posibilidad de disfrutar a pleno de variadas propuestas de balance parejo, entre las que se destacó “La bohemia”, ganadora del primer puesto, del elenco Lluvia de Cenizas; con texto de Sergio Boris y dirección de Lucas Olmedo.

La obra será la encargada de representar a Mendoza en la Fiesta Nacional del Teatro a realizarse en Resistencia, Chaco, el mes de abril.

Por su parte, en orden de mérito, otras dos puestas fueron las seleccionadas para la presentación en la Fiesta Regional del Teatro de Nuevo Cuyo: “El elixir del amor”, con Guillermo Troncoso y dirección de la titiritera Gabriela Céspedes; y “La muchacha de los libros usados”, de El Enko Compañía Teatral, dirigida por Juan Comotti.

En calidad de suplentes quedaron: “Subte”, del elenco Viceversa y dirección de Walter Neira; y “Aria” de El Árbol Danza Teatro, conducido por Vilma Rúpolo.

El jurado, estuvo formado por Gabriel Arias, Darío Anís (integrantes del Jurado Regional), Patricia Monserrat Rodríguez (integrante del Jurado de la Región NOA por el Instituto Nacional de Teatro), Gonzalo Marull (en representación de la Secretaría de Cultura) y Marcos Juárez (representante de Critea).

Puertas adentro

“La bohemia” cuenta la historia de dos ciegos que planean armar un club de barrio para personas de su condición.

Lejos de instalarse en la anécdota, Sergio Boris (autor de la pieza), crea un universo cerrado, denso, oscuro y un tanto perverso en el que estos dos personajes, junto a un tercero (que llega a inscribirse en el mencionado club que, obviamente, no existe), pulsan las cuerdas de relaciones humanas trazadas por la incapacidad o el desarrollo de otras aptitudes diferentes.

Humor, drama, ironía e incluso tragedia se carean en esta pieza, de la mano de actuaciones dignas de los aplausos: Alfredo Zenobi, Darío Martínez y Guillermo Troncoso no sólo ponen su cuerpo al servicio de las expresividad sino que, a través de las sutilezas interpretativas, generan tipos/caracteres que impactan en la identificación del público (para la adhesión o el rechazo).

La puesta en escena, conducida por Lucas Olmedo, centra su norte en la figura de los actores.

Sin embargo tanto escenografía como vestuario, utilería, sonido e iluminación componen este constructo físico-temporal preciso en el que puedan discurrir los personajes. Lujitos semióticos (como el fuera de campo típico del cine para generar el suspenso) se lucen en esta mirada directriz.

El nombre de Guillermo Troncoso también se luce en la otra ganadora (que resultó en 2° lugar en este certamen provincial). Es que es el ideólogo de la preciosa y poética “El elixir del amor”, una obra que comulga con los preceptos de la Commedia Dell’Arte y la farsa (técnicas que Troncoso conoce al dedillo), y que integra a ellas la presencia de los títeres de mesa.

“El elixir...” cuenta la historia de un joven tan tímido que no se atreve a abordar a la chica más linda del pueblo. Pero, un buen día, llega un vendedor ambulante ofreciendo una poción mágica que, asegura, la dejará rendida a los pies del muchacho.

Con esta simplísima trama (adaptación de la ópera bufa “L'elisir d'amore”, que Gaetano Donizzetti creara en 1832), Guillermo Troncoso y Gabriela Céspedes (encargada de la dirección) componen una obra intimista, cálida y bien ajustada (en la interacción entre títeres y el actor en escena que es el propio Troncoso) que se vale de la picaresca (típica del género) para extraer de la fábula sus mejores notas.

Los textos de Arístides Vargas tienen, en sí, un valor literario trascendente. Su poética realista y mágica a un tiempo (en la que el tiempo es una suerte de lapso inacabado y errático y el espacio un área aislada de coordenadas visibles) impregna todas y cada una de obras.

Y, por supuesto, este es también el caso de “La muchacha de los libros usados”, que en esta ocasión llegó al festival de la mano de El Enko Cía. Teatral y la dirección de Juan Comotti.

Como sucede con, por ejemplo, “Jardín de pulpos”, la historia de esta obra se centra en una ciudad latinoamericana (pero, a la vez, indefinida, imposible de encuadrar en una u otra geografía) en la que varios personajes trenzan sus fatales destinos. “Una muchacha es vendida por su padre a un militar, hombre de objetivos puntuales y obsesionado por el deber -anuncia el programa-. Firmado el contrato, la muchacha deja la casa familiar para mudarse al cuartel.

Huye y termina en un hospital tras ser atropellada. Ahora su domicilio será el hospital donde reconocerá otra forma de violencia y represión. A partir de esta última experiencia, la protagonista pasará a engrosar las filas de las mujeres ‘casadas’”.

Los inevitables aires de Rulfo y García Márquez navegan en esta puesta que tiene como protagonistas a Valeria Portillo, Marina Candolino, Andrea Cortés, Diana Moyano, Rolando Orduño, Jerónimo Miranda, Gustavo Cano, Marcelo Díaz y Sebastián Panella.

Una vez más Mendoza eligió sus representantes. Una vez más el jurado se vio en la difícil tarea de elegir entre espectáculos difíciles de evaluar entre sí (en el sentido de que los códigos de uno y otro género son diferentes y particulares). Una vez más el público local y los artistas
apuraron los aires inéditos del festejo. Una vez más Mendoza tiene dignísimas embajadoras.

sábado, 26 de abril de 2008

Críticas y Notas Sobre Díptico "Dock Sud"

Los Andes | Online
Troncoso, uno de los actores.

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Hoy se presenta “La bohemia”. Una ajustadísima y efectiva puesta con actuaciones fantásticas.

Patricia Slukich pslukich@losandes.com.ar

Lucas Olmedo dijo, al momento de contarnos sobre este estreno: “Quería darme el lujo de dirigir a tres actores como estos”. Se refiere a Alfredo Zenobi, Guillermo Troncoso y Darío Martínez y, efectivamente, no sólo debe haber sido un lujo dirigirlos, sino que lo es también ver los resultados.

Es que “La bohemia”, aunque sin gigantescas pretensiones en su puesta en escena, es un ajustadísimo mecanismo de precisión escénica (mérito de la dirección de Olmedo), en el que el acento está puesto, casi en primer plano, en las actuaciones.

“Sosa es ciego de nacimiento. Romero desde hace 15 años. A ambos los ilumina un mismo proyecto, que también se va apagando de a poco: la reapertura, en el barrio, de un club para no videntes -se explica en los anuncios de la obra-. Es con la llegada de Ibáñez, afectado recientemente y probable alumno del club, que la maquinaria de la desgracia se reactiva y ya no hay posibilidad de detenerla”. Sobre esta trama es que el espectador encontrará mucho más que una anécdota, desopilante/desesperante; por cierto. Pues estos tres personajes están inmersos en un mundo oscuro, de una asfixia que crece, en el que la ceguera se naturaliza, más allá del rasgo físico, y se convierte en un destino (no nos cabe duda) destructivo e inevitable; no importa cuán duro o creativo sea el combate, los tres terminarán perdiéndolo.
Esta idea flota, no sólo en el magnífico texto de Boris (un actor porteño que obtuvo el primer premio de dramaturgia en el certamen Germán Rozenmacher por esta obra), sino en todo el andamiaje escénico que se sostiene eficazmente durante todo el espectáculo; y se corporiza de una manera fatal.

Es, verdaderamente, un conflicto terrible. Sin embargo, el espectador no podrá hacer otra cosa más que reír (tan inevitable es esta risa, como el destino de esos seres que circulan por la obra). Pero no se trata de un humor forzado, buscado, sino que surge de la mueca más siniestra.

He aquí el gran logro del director: que nos divierta la más cruel de las desgracias. ¿Y cómo es que lo logra? Pues confiando en sus actores (que materializan su capacidad interpretativa de manera notable; ¡vamos!, ¡son fantásticos!); apelando a construirles un entorno de luces, sombras, sonidos (un detalle exquisito es la inserción de “La bohemia”, de Aznavour) y escenografía (en decadencia), que les calza como anillo al dedo; y jugando a evitar mostrarnos lo que más nos gustaría ver (como los personajes, pero a la inversa: vemos de ellos sólo la decadencia que se esfuerzan por ocultar a sí mismos). Esta última argucia trae amplios beneficios para el ritmo y los climas del espectáculo.

Lo siniestro, lo oculto, lo no-dicho es lo que se nos permiten ver Olmedo y sus actores a nosotros, el público. Nos asignan el rol de la crueldad: el de reírnos de la desgracia ajena. Y lo hacemos con gusto.


Foto durante un ensayo:


Los Andes | Online
Estrenos
viernes, 11 de abril de 2008

El afiche con que se promociona “Gore”, al estilo de los films de los ‘50.

De amor y de cegueras

Dos nuevas obras suben al escenario de Cajamarca: “Gore”, de Javier Daulte, y “La bohemia”, de Sergio Boris. En continuado.

Patricia Slukich pslukich@losandes.com.ar

Hace más de un año, Lucas Olmedo se instaló en Buenos Aires. El chico era una de las grandes promesas del teatro local. Y decimos “era” porque ahora esa condición (acrecentada en este año de oficio, al punto de que la prensa porteña ha resaltado con elogios su puesta de “La sonrisa de los siervos”), junto a su portador, se trasladó al gran país teatral que es el territorio porteño.

Él y los actores con los que trabajaba aquí, en Mendoza, idearon una forma de estar “unidos y produciendo”. El proyecto tenía su centro en dos obras que se ensayaban acá y se dirigían
-vía mail y presencias esporádicas- desde Buenos Aires. El intento no prosperó.
Quienes sabíamos de estas escaramuzas, creímos que habíamos perdido a Olmedo para siempre. Pero Lucas es un tipo aferrado a los afectos. Es por eso que en unas vacaciones que le proveyó su reciente paternidad, aprovechó para hacer aquí dos obras: “Gore”, de Javier Daulte y “La bohemia”, de Sergio Boris.

Hoy las estrena y mañana se va a seguir su carrera artística en la escena del “under” nacional (estrena “El pornógrafo”).

Una de extraterrestres

“¿Cómo hablar de las heridas del amor, de las marcas que se producen en la colisión violenta de los cuerpos, si no es en tono de ciencia ficción?”, se pregunta Olmedo. A esta hipótesis existencial le sigue la tesis que se llama “Gore”; escrita por Javier Daulte, uno de los monstruos creativos que ha dado el país y que hoy exportamos como director del Teatro Villarroel, de Barcelona.

En este texto el autor juega con una simple anécdota: una pareja de extraterrestres, desesperada por la extinción de su especie, busca salvarla. En esas condiciones llega a la tierra para carearse con los humanos.

Desde esta premisa rayana en el absurdo, Olmedo parte para hablar de temas tan transitados como el amor. “En un principio iban a ser tres obras que partían de una imagen generadora: un condominio. La acción de cada una transcurriría en ese ‘entre’ que es el corredor de un condominio -detalla Lucas-. Ahí apareció ‘Gore’. Después encontré la obra de Boris (se refiere a ‘La bohemia’). La idea era la de abordar un mundo en un lugar específico. ‘Gore’ está planteada como ciencia ficción, tipo película de los ’50; que sirve como excusa para reflexionar sobre la condición humana. Te habilita una moraleja tan evidente, que sospechás de lo que hay detrás”.
En el país de los ciegos

Sosa es ciego de nacimiento. Romero, desde hace años. Los moviliza la ilusión de reabrir, en el barrio, un club para no videntes. Con la llegada de Ibáñez, otro ciego, la desgracia se reactiva. Esta es la historia que alienta a “La bohemia”. En ella, Lucas encuentra un asidero en esa escena del típico teatro argentino realista. “La traición -como en Arlt, en Borges, o el tango- y el accidente de ser ciego; pero como una condición a partir de la cuál generar un mundo desde la oscuridad”, apunta el director.

En ambas obras están los guiños de estilo de Lucas, jugados en los límites entre el cine y el teatro. En ellas pone a consideración el “uso del fuera de campo, a través de acciones vedadas a los ojos del público -dice-. La idea es crear un suspenso escópico, para que el placer que hay en el voyeurismo sea mutilado; esta acción es una decisión en el ojo del espectador”.
No hay nexo entre ambas obras sino una tercera posible (la urdimbre significativa que surja en la cabeza del espectador). Dos obras, un director, muchos actores, y nosotros; para develar el trasfondo de dos mundos ¿posibles?



Escenario
Interesante díptico teatral sobre la incomunicación y la ceguera
El díptico teatral Duck Sud, compuesto por Gore y La bohemia, que propone cada viernes Lluvia de Cenizas en la...

Carolina Baroffio
uno_escenario@diariouno.net.ar

El díptico teatral Duck Sud, compuesto por Gore y La bohemia, que propone cada viernes Lluvia de Cenizas en la sala Cajamarca, es una especie de postulado sobre cómo podemos regenerarnos desde las cenizas de nuestras propias miserias, sin detenernos a ver ni a entender nada. Porque lo que prima es la indiferencia y la incomunicación en las sociedades posmodernas.

Un círculo de baba se teje en el suburbio de esos mundos habitados a los golpes de puño y efecto para vivir una vida ajena a los sentimientos. Ese puede ser uno de los puntos en sintonía entre Gore (que va a las 20) y La bohemia (a las 22). Sin embargo, las obras toman distancia para tratar sobre la existencia humana que inquieta al director del elenco Lluvia de Cenizas, Lucas Olmedo.

El texto de Javier Daulte, Gore, se vale de personajes oscuros y sarcásticos para contar la historia de un vecindario que de repente se ve invadido por dos extraterrestres (sobresale la actuación de Laura Volpe), cuya misión es conservar su especie a costas de los habitantes de ese barrio. El experimento no resultará como lo habían planeado, culpa de ese mal endémico que ellos llaman “amor”.

La puesta en escena de Gore coquetea con imágenes cinematográficas de las películas de ciencia ficción de los años ’50, y se vale del teatro pánico (recurrente en este elenco local) para sumergirse en un mar de sangre y desdichas donde el espectador pasa de ser testigo directo a cómplice de la injusticia.

El espacio escénico, sin embargo, no se resuelve de la mejor forma para mantener en vigilia al público, valiéndose de los misterios narrados fuera de campo.

En cambio, La bohemia sí utiliza el fuera de campo para mostrar mucho más de lo que pasa frente al ojo del espectador. Y el trío que seleccionó Olmedo para protagonizar la elocuente obra del actor porteño Sergio Goris es el indicado.

Guillermo Troncoso, Alfredo Zenobi y Darío Martínez son de esos actores que encarnan a sus personajes desde las entrañas y hacen con ellos el bello y efectivo juego teatral de ser fiel a la intención textual sin desmerecer la inteligencia y sensibilidad del espectador.

La bohemia no es más que un momento, quizás una mañana, en la vida de tres ciegos, uno con más o menos experiencia que los otros en la cuestión de ceguera, que bien podrían habitar el mismo vecindario de los personajes de Gore. Aunque los ciegos pretenden recuperar el honor de su condición humana para exponer a cualquier precio las capacidades que han desarrollado con los ojos cerrados.

No tienen escrúpulos, no miden las consecuencias, no quieren limosnas ni buscan la compasión. Se limitan a revelarse contra la mirada torcida de quienes los esquivan. Y quien se pare frente a esta obra no podrá zafar del compromiso, se fijará en él la mirada de estas criaturas y tendrá que hacerse cargo de la risa provocada por lo absurdo de un relato siniestro.

jueves, 3 de abril de 2008

critica a GORE de Javier Daulte en DON MARLON

DISPARATE, ENTRE LÚCIDO Y BIZARRO

En ocasiones que la critica ponda en sobreaviso al espectador puede ser atinado. Es decir que le anuncie que una puesta está montada sobre los "códigos de" y por ende, debe considerar tal, tal y tal cuestiones. El planteo propone todo un debate:
Con ese material previo ¿El espectador disfruta más o menos? El GORE (Término que remite a un subgénero cinematográfico de auge en los 50), podría ser uno de esos casos en que el periodista se debate entre ser excesivamente servicial o dejar al público en manos de la sorpresa (o según su permeabilidad, a expensas de la indigación).
Trataremos de dar con un punto medio.
Hay dos méritos que permiten sugerir a GORE como un espectáculo a considerar.
Uno remite al ingenioso texto de Javier Daulte, tramado desde la imposibilidad de comunicarse, si bien los interlocutores hablan el mismo idioma aún cuando las respuestas son "lógicas" a las preguntas (distanciándose, de este modo, de un diálogo absurdo). Se establece así una barrera entre los personajes que deriva en un humor molesto, si se quiere intelectual, y disfrutable. Que lleva a su vez a digresiones, acciones arbitrarias y escenas deliberadamente reiterativas. El otro tiene que ver con la puesta de Lucas Olmedo, que sugiera una atmósfera enrarecida, donde la miseria de hoy es atravesada por la tecnología intergaláctica de ayer. Lo uno y lo otro ¿al servicio de que? De una historia infima, intrascendente, en la que importan los momentos por sobre el todo, y los cierres de escenas por sobre el cierre del relato general.
Las actuaciones se contaminan unas a otras y eso acentúa el aspecto extraño de lo que se ve. Planteados en bandos, los personajes se dividen entre paródicos y naturalistas y, gracias a aquella incomunicación señalada, se degradan en su pureza.
Hay un desfasaje entre el pensar, decir y hacer que lo embrolla todo.
Laura Volpe y Juan Manuel Chifani le sacan provecho a su pareja de intrusos en la tierra. Imponen presencia, ironía y bisarrez y aportan uno de los momentos más atractivos cuando se comunican por "radio" con sus pares. El resto acompaña bien, sobre todo Alejandro Manzano, que capitaliza con habilidad su disparatada conversión lenguística al italiano.
El dispositivo escénico refuerza la idea de una dimensión destartalada e insegura.
Bah, muy argentina, aunque lejos estemos de que algún extraterrestre se interese por succionarnos.
/F.J.A
(Revista "Don Marlon, escenarios y otros placeres")






martes, 25 de marzo de 2008

Critica a "Das Buch der Zeit"


EL BIZARRO PASADO DE ADOLF
DAS BUCH DER ZEIT, FARSA DE CIENCIA FICCIÓN

http://www.alternativateatral.com/imagen.asp?path=scripts/es/fotos/obras/&archivo=010362_1.jpg

Lucas Olmedo, con
su elenco 'Lluvia de
Cenizas', acaba
de estrenar Das buch
der zeit (farsa de
ciencia ficción).
Un espectáculo
oscuro, climático y
satírico sobre el Hitler
que no pudo ser

POR PATRICIA SLUKICH
Licenciada en Comunicación Social
(UNC), escritora e investigadora
pslukich@infovia.com.ar


El director Lucas Olmedo (actualmente
radicado en Buenos Aires), presentó su
último espectáculo: Das buch der zeit,
una obra oscura, climática, repleta de signos
visuales, sonoros y textuales (en base a un
humor entre naif y renegrido), que acuna la
hipótesis de lo que podría haber pasado si Hitler hubiese sido pintor. En realidad, se
trata de una hipótesis que el propio texto de la obra se encarga de derribar, como un
modo de plantear una fatalidad ineludible e irrefrenable.
Das buch… es el último resultado de un proyecto que Olmedo iniciara con su obra
Cuentos para olvidar el invierno (excelente investigación basada en el expresionismo
cinematográfico alemán), al que titula: "Túnel de gusano". Tal proyecto se rige, según
el director, por el "estudio de viajes en el tiempo". Y, justamente, esta obra se propone
indagar en un pasado no existente. A nivel argumental la acción se sitúa en el año 2080,
cuando ya ha estallado la 5° Guerra Mundial. En ese contexto un grupo de judíos sobrevivientes
deciden utilizar su secreto modo de viajar en el tiempo para enviar a uno de
ellos, con conocimientos en dibujo y pintura, que se encargará de ayudar a Adolf a aprobar
su examen en la Academia de Bellas Artes. Se presume que éste sería el modo de evitar
la catástrofe. No obstante, tal como lo plantea la obra, esa hecatombe es inevitable,
porque sus trazos se asientan en los hechos más imperceptibles y cotidianos.
Desde el aspecto de la dramaturgia textual, es interesante la imbricación de ideas
que surge en esta creación colectiva, a partir de Variaciones Golberg y Mein Kampf de
George Tabori, junto a lecturas de Novikov, René Thom, Kafka, Roah Dahl, Isaac
Asimos, entre otros textos. Si bien el humor (bizarro y por momentos infantil) es el
que predomina en la superficie, deja entrever vastos planteos sobre el fundamentalismo
ideológico, los límites y contradicciones humanas, los laberínticos senderos que
aún son incomprensibles para el hombre en el devenir de su historia. Como ya es habitual
en este director, joven y talentoso, el dispositivo escénico acompaña estas conflagraciones
textuales en una atmósfera que cambia según las necesidades de la puesta.
Sonido (no sólo música sino también voces en off, que hablan en alemán con un
tono elegíaco, sonidos perturbadores, etc.) y luces utilizadas diestramente para subrayar
los climas configuran un ámbito asfixiante, decadente y terrible. Esto permite que
el personaje de Hitler (que llega a esa casucha donde habitan unos judíos alemanes
pobres) se erija en una interpretación (excelente dramaturgia actoral de Darío Martínez)
ridiculizada hasta el extremo.
La flaqueza de la obra no se asienta en la puesta en escena, muy bien tramada por
Olmedo, sino algunas de las actuaciones que empobrecen la escritura escénica. No es
el caso de —además de Martínez— Clarisa Sturfeighen, que interpreta a una amante
del dueño de casa (una "Heidi" que, no obstante, camina sobre el escenario desnuda,
en una actitud entre obscena e inocente). Más allá de algunos tramos desparejos en
el ritmo escénico y las objeciones actorales, Das buch… es una interesante propuesta
para reflexionar sobre el poder que creemos tener sobre lo que es inevitable, a causa
de nuestras propias limitaciones.



Patricia Slukich


Critica Publicada en "El Periódico de las Artes Escénicas"
En Junio del 2006.
Link Permanente: http://www.periodicoartesescenicas.org/images/anteriores/PeriodicoAE_045.pdf